NOCIONES DE LA GESTIÓN DE RIEGO 


La gestión del riesgo se define como el proceso de identificar, analizar y cuantificar las probabilidades de pérdidas y efectos secundarios que se desprenden de los desastres, así como de las acciones preventivas, correctivas y reductivas correspondientes que deben emprenderse. El riesgo es una función de dos variables: la amenaza y la vulnerabilidad. Ambas son condiciones necesarias para expresar al rie sgo, el cual se define como la probabilidad de pérdidas, en un punto geográfico definido y dentro de un tiempo específico. Mientras que los sucesos naturales no son siempre controlables, la vulnerabilidad sí lo es.

Los acuerdos internacionales 

Los esfuerzos nacionales para la mitigación y acción frente a los desastres deben ser apoyados por un contexto internacional que los haga posibles. Al respecto, las Naciones Unidas han generado planes de acción internacional con miras a reducir las pérdidas producidas por desastres en términos sociales, económicos y ambientales, y a prevenir los riesgos futuros. En lo que concierne específicamente a la niñez, el Principio 8 de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas de 1959 indica que “el niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro”. Asimismo, de acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) de 1989, los niños y las niñas tienen derechos inalienables en toda circunstancia, incluso en situaciones de desastre, cuando corren mayor riesgo, así como el derecho a participar en las decisiones que afectan sus vidas (UNICEF, 2016). Es así como la participación de niñas y niñas y su educación tanto en temas de desarrollo sostenible como de preparación en caso de desastres se vuelven elementos clave para reducir su vulnerabilidad frente a los desastres.

Uno de los primeros acuerdos internacionales fue la Estrategia de Yokohama de 1994 que tuvo como objetivo establecer las directrices para la prevención de desastres, la preparación para casos de desastre y la mitigación de sus efectos. Posteriormente, se adoptó el Marco de Acción de Hyogo para 2005-2015, en el cual se establecieron las siguientes recomendaciones de política social para reducir los factores de riesgo: i) el aumento de la seguridad alimentaria para mejorar la resiliencia de las comunidades ante las amenazas; ii) el fortalecimiento de los mecanismos de protección social de los grupos vulnerables, así como de los programas de acompañamiento psicosocial; iii) la incorporación de medidas de reducción del riesgo de desastres en el proceso de recuperación y rehabilitación que contribuyan a mejorar las capacidades a largo plazo, y iv) la necesidad de asegurar que los programas para las personas desplazadas no incrementen su riesgo y vulnerabilidad ante los desastres. A su vez, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, aprobado en la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres y que se celebró en Sendai, Japón en 2015, tiene como objetivo prevenir nuevos desastres y mitigar los efectos de los ya ocurridos mediante la implementación integrada de medidas en lo cultural, económico, ambiental, educacional, social, tecnológico e institucional. En ello se reconoce la función de liderazgo, regulación y coordinación que desempeñan los gobiernos, pero se recomienda que interactúen con los actores pertinentes, entre ellos los niños y los jóvenes, ya que estos son agentes de cambio y se les debe facilitar el espacio y las modalidades para contribuir a la reducción del riesgo de desastres. Finalmente, cabe destacar que en el treceavo Objetivo de Desarrollo Sostenible: “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”, se incluye la meta 13.1 que insta a “Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países”.

¿Por qué inculcar una gestión de riesgo en la primera infancia?

La inclusión de la educación sobre el riesgo de desastres en los planes de estudio de las escuelas primarias y secundarias, promueve la concientización y una mejor comprensión del entorno inmediato en el que los niños y sus familias viven y trabajan. Con base en experiencias previas, sabemos que los niños que tienen conocimiento sobre los riesgos de las amenazas naturales desempeñan un importante papel cuando se trata de salvar vidas y proteger a los miembros de la comunidad en momentos de crisis. 

Cuando se produjo el tsunami de diciembre del 2004, la estudiante británica de once años, Tilly Smith, logró salvar muchas vidas en una playa de Tailandia, puesto que instó a la gente a huir de la costa: sus lecciones de geografía en Gran Bretaña le permitieron reconocer las primeras señales de un tsunami. Al mismo tiempo Anto, un joven de la isla indonesa de Simeulue había aprendido de su abuelo qué hacer en caso que se produjera un terremoto. Él y todos los otros isleños huyeron hacia tierras más elevadas antes de que el tsunami azotara la isla, lo cual hizo posible que todos los miembros de su comunidad, a excepción de ocho, se salvaran.

Principales actividades que le corresponden a la educación en materia de reducción de riesgo de desastres. 

  •  Promover la inclusión del conocimiento sobre la reducción del riesgo de desastres en los planes de estudios en todos los niveles.
  • Promover el uso de canales formales e informales para llegar a niños y jóvenes con información sobre reducción del riesgo de desastres.
  • Promover la integración de la reducción del riesgo de desastres como un elemento intrínseco en la Década de Educación para el Desarrollo Sustentable.
  • Promover la integración de programas educativos de reducción de riesgo dirigidos a sectores específicos.


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